Es la segunda vez en menos de 10 años que los dos equipos del astillero, Barcelona y Emelec, optan por implementar una renovación de sus plantillas titulares utilizando sus recursos básicos provenientes de las divisiones inferiores. Sin embargo, los cuatros procesos, teniendo similitudes innegables, han mostrado y siguen mostrando resultados muy distintos.
Sin ánimos de ofender a nadie voy a empezar con Emelec. En 1998 el polémico dirigente Omar Quintana Baquerizo decidió recurrir a las divisiones inferiores debido al alto costo de la plantilla azul y a la falta de resultados que había obtenido hasta ese momento su administración. Quintana dejó ir a todos aquellos jugadores que para él ya habían cumplido un ciclo en el club y para reemplazarlos contrató a un jugador de selección como Wellington Sánchez y promovió a más de 10 chicos de las divisiones inferiores que fueron bautizados como los “extraterrestres”. Entre estos estaban Iván Kaviedes, Richard Borja, Otelino Tenorio, Carlos Hidalgo, Luís Moreira, Moisés Candelario, Giancarlo Ramos, Pavel Caicedo, entre otros, sumados a la experiencia de gente como Carlos Juárez, Eduardo Smith, Ángel Fernández, y muchos otros más, conformando un grupo que consiguió muchos logros, 5 clasificaciones a Copa Libertadores consecutivas, 1 vicecampeonato de Copa Merconorte, 2 Campeonatos Ecuatorianos, etc.
La contraparte amarilla nace al año siguiente, cuando se lanza la campaña de los “mutantes”, también denominados “la nueva sangre de Barcelona”. Sin embargo, la cantera torera demostró, en una sola palabra, ser mediocre. De este grupo salieron Danny Vera, Edwin Villafuerte, Marlon Moreno, Lisandro Torres, Arlin Ayoví, Nelson Palacios, Daniel Mina, que se sumaron en primera a algunos experimentados como José Francisco Cevallos, Fricson George y Luís Gómez. El único logro (si se lo puede llamar así) que tuvo este grupo fue el de haber podido mantener la categoría esa temporada, de manera milagrosa.
Dos procesos muy similares, pero con resultados muy dispares, los azules colectivamente se consolidaron como uno de los mejores Emelec de los últimos tiempos y a pesar de que en el cuadro azul ya no queda ni un solo “extraterrestre” muchos se destacan en equipos de primer nivel tanto local como internacional. Por su parte, los amarillos no pudieron jugar juntos más de dos temporadas consecutivas, y la gran mayoría de “mutantes” terminaron actuando en equipos de menor trascendencia como meros jugadores de relleno, únicamente el portero Villafuerte logró consolidarse como un jugador de primer nivel en nuestro medio.
Agobiados por los malos resultados y los problemas económicos, así como una notoria superioridad de los equipos de la capital ecuatoriana, los ídolos del astillero, se han visto nuevamente obligados a recurrir a sus juveniles en el año 2006, y en lo poco que hemos visto parecería que la historia se está repitiendo, eso sí, sin la fanfarria ni la mercadotecnia utilizada en los procesos anteriores.
Emelec ha levantado su nivel en comparación con lo mostrado el año anterior basado en un conjunto sumamente joven, y jugadas únicamente siete fechas del campeonato 2006 ya empiezan a sonar nombres como los de José Luís Quiñónez, Wimper Guerrero, Jorge Ladines, Michael Arroyo, Paterson Klinger, y Cristian Noboa, jugadores provenientes de la cantera o de equipos de la segunda categoría nacional, sumados con los también jóvenes Armando Paredes, Luís Escalada y Marcos Mondaini. La experiencia en este cuadro la ponen Marcelo Elizaga, Juan Triviño, Carlos Quiñónez y Luís Rivera. Quizá la mayor desventaja entre este grupo y el de los “Extraterrestres” es que los segundos tuvieron la suerte de nacer futbolísticamente con jugadores de la talla de Juárez, Sánchez y Poroso para guiarlos, y en el grupo actual este tipo de jugadores no existen. Aun así, el grupo promete mucho, faltándoles quizás de manera primordial, madurez y fuerza colectiva para empezar a destacar definitivamente, pero lo que sí queda muy claro es que el trabajo que realiza Emelec en inferiores es sin duda uno de los mejores del país, sino el mejor y cuando las cosas se ponen duras la cantera lo saca de apuros.
Barcelona por su parte va dando tumbos, se han visto algunos jugadores nuevos pero ninguno se ha mostrado lo suficiente como para que el hincha sueñe en cosas grandes, o que el equipo las consiga. Los nombres de Gilbert Quiñónez, Andrés Justicia, Diego Lara, Alex Bolaños, Orly Montaño, Mike Rodríguez, Nexar Delgado o Víctor Montoya, se han hecho comunes en las alineaciones amarillas, pero ninguno destaca como para merecer un puesto fijo en el equipo, al punto que Barcelona marcha penúltimo, ya se han ido el presidente Romero, el técnico Peláez, el extranjero Morantes, y como si fuera poco han retornado algunos jugadores que para muchos entendidos estaban acabados en nuestro fútbol, como Raúl Noriega, Lizandro Torres y uno nuevo como Jairón Zamora. Los extranjeros Vanegas, Soto y Bonilla muestran muy poca consistencia y se sigue cuestionando su presencia en el equipo. La contratación estrella del año, Baldeón, parece que la camiseta torera le esta quedando bastante grande y los más veteranos como George y Cevallos parecen haberse contagiado de la inexperiencia e irregularidad de sus noveles compañeros o simplemente ya están en decadencia y hay que seriamente buscarles reemplazos para el futuro inmediato.
En fin, han pasado 7 años desde el fiasco de los mutantes y parece que en el cuadro torero no se aprendió nada de esto, la cantera barcelonista sigue siendo muy pobre, y con la salida del grupo Romero, el trabajo ambicioso que se iba a hacer en el Atlético Guayaquil parece haberse terminado antes de comenzar, y el problema se mantiene; Barcelona no tiene raíces, y por lo tanto tampoco identidad, los jugadores vienen y van únicamente buscando su bienestar personal, dejando al equipo al borde del abismo y los jovencitos, que no tienen la culpa de nada, se les trunca su carrera de manera cruel, lanzándolos al ruedo sin las armas necesarias para sobrevivir en el circo del fútbol nacional.
Las respuestas respecto a si estas renovaciones funcionarán o no sólo las tiene el tiempo, pero en este momento únicamente la azul parece tener futuro, mientras la amarilla parece más ficción que otra cosa. La verdad inmediata la tiene el hincha que, de tonto no tiene un pelo y se da cuenta cuando las cosas vienen bien o vienen mal, sino pregúntenles a los hinchas azules que religiosa y pacientemente esperan la consolidación definitiva de un equipo que promete muchísimo, mientras que al Monumental los pocos hinchas que van inhalan desesperación y exhalan resignación.